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LEYENDAS

LEYENDA DE LAS TRES HERMANAS
En la época del gran imperio Inca, existió dentro de la confederación Nasca, un pueblo mandado por un Inca, llamado Manco Astohuaroca.
La confederación Nasca extendió sus dominios desde los valles de Lima hasta Acarí; rendían culto al dios Pachacamác y al mítico dios Kon. Manco Astohuaroca, tenía tres hermosa hijas llamadas Juri Chumac, Jurpy Yulac y Jurpy Lliaquynanquy (traducido al castellano una se llamaba Paloma Hermosa, la otra Paloma Blanca y la última Paloma Triste), las tres princesas eran unas verdaderas bellezas indias.

En el ejército de Manco Astohuaroca, había un jefe noble y joven guerrero, apuesto y de familia de linaje, de formas atléticas y valiente hasta el extremo del sacrificio. Este guerrero se llamaba Topayra; y tuvo la suerte o la desgracia de hacerse amar secretamente a la vez por las tres princesas, ofreciendo y jurando su amor volcánico como el trueno de las cumbres serranas, fascinante y voluptuosa como las caricias de la brisa en las tibias noches primaverales; amor que a cada una ofrecía con vehemencia y pasión, bajo la oscuridad encubridora de la noche, compañera preferida de los amantes.

Yurpy Chumac amaba con delirio a Topayra y habiéndose vencido el plazo que le diera para hacerla su esposa, temerosa ésta de que descubrieran su vergüenza, citó a su amante para exigirle el cumplimiento de su promesa, cita que Topayra aceptó, para embriagarse con la mujer querida.

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Para acudir a su cita Yurpy Chumac, espero que sus hermanas se durmieran, cuando pensó que estaban dormidas, salió sigilosamente en puntas de pie al encuentro del amado, y cuando fuera de su palacio estuvo, emprendió veloz carrera al encuentro de su amado, dueño de su amor y de su honra.
Creía Yurpy Chumac que sus dos hermanas jamás llegarían a descubrir su fuga, pero el destino les reservaría una amarga verdad; al despertar Jurpy Lliaquynanquy, se dio cuenta que no estaban una de sus hermanas, era que Yurpy Yulac sospechó que algo raro sucedía a Jurpy Chumac, por lo que fingió dormir para luego seguirla a prudente distancia. Jurpy Lliaquynanquy, angustiada por la ausencia de sus hermanas, salió del palacio en busca de éstas; la noche era clara, la luna dominaba el cielo, el viento nocturno murmuraba un lamento, el búho y la lechuza dejaban escuchar en el silencio de la noche sus fatídicos cantos agoreros, anunciando gran desgracia a las tres princesas.

Jurpy Lliaquynanquy va a el encuentro de su hermana en un lejano paraje, al llegar ve a su hermana Yurpy Yulac escondida como mirando algo, esta le hace una seña con el dedo índice para que guarde silencio, y susurrando le dice: "Mira a nuestra hermana con el hombre a quien yo amo". Con la voz entrecortada por el dolor y la angustia contesto Jurpy Lliaquynanquy: "A mi también me ha engañado, me juró su amor y yo le correspondí". La luna y las estrellas se escondieron detrás de las densas cortinas de nubes para no ver y ser testigos de tanta amargura y desdicha.
Las Hermanas caminaban torpemente cogidas de las manos cuando rodó una piedra que las delato, Topayra se volvió veloz como un felino a la dirección de donde provenía el ruido, y al ver a las dos princesas, -también sus amantes-, huyó como un cobarde perdiéndose en la oscuridad de la noche. Jurpy Chulac quiso hablar, pero sus hermanas se lo impidieron y a la ves le dijeron: "Lo hemos visto todo, el hombre que ha mancillado tu honra, también a mancillado la nuestra; el hombre que te juro su amor, también nos las ha jurado a nosotras; el hombre que se embriago con tus caricias, también se embriago con las nuestras".

Abrazándose las tres hermanas en la majestad silenciosa de la noche, humedecieron las arenas con sus lágrimas y juraron por todos los dioses, castigar y vengarse del culpable de su desdicha, grabando su nombre en sus corazones. Cada una llamó a sus más leales guerreros y unidas con sus ejércitos marcharon en busca del traidor.
Avisado Topayra de que un ejército se acercaba en son de guerra, subió a lo más alto de su fortaleza para comprobar la verdad; el panorama no era el más amistoso, ordenó a sus guerreros que tomasen sus puestos de combate, marchaban a la cabeza del ejercito atacante las tres princesas cubiertas de negro para vengar su mancilla o tal vez morir en lo más fiero del combate. Cuando los dos ejércitos se disponían para la lucha, una de las doncellas que sabia del secreto de sus desdichas señoras, corrió donde su Inca y señor, y pidiendo clemencia contó la desgracia a su alteza. Indignado el Inca llamó a sus magos y les pidió en nombre de sus dioses, castigar al traidor Topayra y a sus infieles princesas.

Rasgándose sus vestimentas y quitándose la mascaypacha el Inca pronuncio junto a sus magos un terrible conjuro, tanto así que se oscureció el día, el sol negó su luz, los relámpagos zigzaguearon por el espacio, las nubes soltaron sus aguas retenidas en sus entrañas, tembló el suelo.
Cuando el Dios Sol volvió a alumbrar la tierra, el pueblo había desaparecido, la fortaleza y los guerreros de Topayra se habían convertido en rocas, las tres princesas se transformaron frente a la fortaleza en tres cerritos dentro del mar; sus blancas túnicas de vírgenes del Sol, se convirtieron en arena blanca, las que son movidas y besadas por el viento, y sus guerreros en pequeños montículos de roca en la orilla del mar, bañados eternamente por su blanca espuma.

Cuando la noche es oscura y ruge el viento con violencia, dicen que es la cólera del Inca; esas noches son raras, pero en esas noches raras se dice que salen las tres hermanas de su encantamiento, vestidas de negro llorando su desdicha por las pampas de Marcona.
El vulgo las ha bautizado con le nombre de "Viudas", son las tres princesas encantadas, son las tres hermanas deshonradas y maldecidas por el Inca.

Oh caminante! ¡Oh viajero!....cuando pases o vayas a "TRES HERMANAS", mira los tres cerritos dentro del mar, son las tres princesas encantadas, mira los montículos de rocas a orilla del mar, son los guerreros de las princesas; mira hacia el sur frente a los tres cerritos de piedra y veras, en la roca, un rectángulo en forma de una puerta de tres metros de altura, es la puerta de la fortaleza de Topayra. Con él cautivo eternamente en sus entrañas, sobre ella se estrellan las rugientes olas del mar, es la furia de las princesas, y cuando en la noche oscura oigas lamentos o un llanto de una mujer, es el pesar de las tres hermanas, las tres princesas que vestidas de negro, salen de su encantamiento a recorrer las pampas de Marcona, otrora su pueblo, a llorar sabe Dios hasta cuando su desdicha y condena. Por eso nadie se atreve a cruzar la pampa y la playa de noche, por que hay la creencia que en esas noches se puedan topar con las viudas de esta historia.
LEYENDA DEL CHINCHILCO
En las faldas del cerro Orco Chico, hoy más conocido con el nombre de "San Juanito" a la altura del kilómetro diez que conduce a San Nicolás e internándose unos 3 ó 4 kilómetros al noroeste, se encuentran unas ruinas que fueron la morada de una tribu india, ignorándose hasta hoy por falta de estudios si fue incaico o pre-inca.
Mudos testigos del paso del tiempo son casas, fogones y muros derruidos que nos indican por lo que se ve a la vista, que quienes habitaron dicho lugar tenían cierto grado alto de cultura. Un velo de misterio cubre su extinción, sin poder determinar si fue por una peste, fenómenos climatológicos o geológicos, pero la tradición cuenta que en los cerros de Marcona y especialmente en las pampas "hoy minas de hierro" crecía una exuberante vegetación, por la bondad de las lluvias, lugar que era muy visitado por ganaderos y cazadores debido a la abundancia de guanacos, tarugas, venados y vizcachas. Y que muchos de los que transitaban por dichos parajes se les había presentado un niño, de unos 6 a 7 años de edad, o lo vieron correr para luego desaparecer como por encanto. Muy pocos lograron ver la cara pues este llevaba puesto siempre un sombrero muy grande.
Esta curiosa y rara aparición dicen que era nada menos que el duende llamado Chinchilco, que según la leyenda es el guardián de todas las riquezas minerales que si bien había entregado las minas de hierro, más no, las de oro, plata y cobre, que no quiere entregar a nadie sabe Dios hasta cuando.
A este buen duendecillo se le atribuye muchas travesuras, dicen que en muchas oportunidades se ha llevado niños, solo para jugar para luego devolverlos sanos y salvos, también se habla que el chinchilco ha encantado a gente adulta, que afanosamente buscaban las minas de oro y plata, desapareciendo algunos para siempre.
Según datos obtenidos a través de generación en generación estas minas se encuentran escondidas en algún desnivel de las pampas y cerros de Marcona, la cual es guardado sigilosamente por el travieso duende. Hasta ahora no se sabe cuando y a quién será revelado el secreto mas grande de las minas de oro y plata de Marcona, el tiempo lo dirá.
LEYENDA DE LAVIRGEN DE GUADALUPE, PATRONA DE NASCA
Cuenta la historia que en las primeras décadas del siglo XIX (1800) era costumbre de los pueblos de Nasca y Palpa , formar grupos para viajar a pescar lenguados, mariscos, cangrejos y otras especies a las lejanas playas de Caballas, Santa Ana, San Nicolás, Marcona y Tres Hermanas, generosas en especies marinas, como también en busca de sal , la que se encuentra en abundancia por aquellos lugares.
Estos viajes, por aquel entonces, lo hacían a lomo de mula, formando las recordadas "piaras" o"recuas" de acémilas. Aprovechaban también para cazar venados, tarugas y vizcachas, animales que abundaban en las tranquilas lomas de aquellos tiempos.
Fue así que unos de estos grupos de pescadores, según la tradición, estaban pescando entre las playas de Coyungo y San Ana, lugar preferido por la gente de playa, por hallarse cerca del lugar denominado "Monte Grande", sitio que reunía las condiciones necesarias para el viajeros como pastos frescos y manantiales de agua dulce y además de existir una cueva que era usada como pascana para dormir a cubierto.

Según la tradición, eran las 2 de la tarde de un día del cual no hay recuerdo, cuando de pronto comenzó a soplar un fuerte viento que poco a poco se fue haciendo más violento, tomando caracteres de una tempestad. Los sorprendidos pescadores, corrieron a refugiarse en la cueva, y desde aquel lugar miraban y escuchaban cómo la naturaleza desataba todas sus fuerzas sobre aquellas tranquilas playas.
El viento soplaba con furia, del mar se elevaban negras, espumosas y rugientes olas al viento cubrían nubes grises y negras; las gaviotas, guanayes y alcatraces, volaban enloquecidos como atrapados por las fuerzas huracanadas;
los burros y las mulas rebuznaban; aullaba el zorro y los gallinazos graznaban.

Tembló la tierra, y un ruido extraño y misterioso escucharon los hombres de la cueva, que en silencio murmuraban alguna mal sabida oración. Pero la tarde pasó y la noche también. Al rayar la aurora con la fresca brisa, salió la gente de la cueva, todos dijeron "vamos a ver si hay pescado varado en la playa para freír" y se encaminaron mirando al mar.
Y varios gritaron ¡Mira! un cajón negro, en la playa varado está; corrieron todos a ver la caja, tuvieron miedo y con gran sigilo se acercaron a la rara caja. El más audaz fue a pulsearla; la sintió pesada y al punto dijo, "somos ricos, la caja pesa, vamos a abrirla para ver qué tiene". Y abrieron la caja, ¡Oh, Dios Santo! Gritaron todos; es una Virgen.
Pasado el susto, deliberaron quién se la llevaba, pero como la caravana de pescadores estaba formada por palpeños y nasqueños (los primeros en mayor número), las opiniones se dividieron en dos bandos.

Los palpeños dijeron : "A nosotros nos corresponde la Virgen, porque somos más". En realidad los palpeños estaban en mayor número que los nasqueños, los que nada pudieron objetar. Los hijos de generoso pueblo de Palpa, tomaron "el cajón con la Virgen" dentro, para llevarla a la iglesia de su pueblo, pero cosa rara, a medida que iban caminando se hacia cada vez más pesado el cajón, hasta que llegó un momento en que no pudieron volver a levantarlo del suelo.

Después de agotar todos sus esfuerzos los hijos de Palpa para levantarla del suelo y llevarse a la Virgen; dijeron los nasqueños: "ahora probaremos nosotros" y ¡Oh, milagro! El bendito cajón con la virgen, desde este momento, se tornó más liviano que una pluma, manifestando , de esta forma, la Virgen, su sana voluntad de morar en el pueblo de Nasca.
Es así como el grupo de pescadores que llevaba a la Virgen; mando a uno de ellos por delante, como mensajero de esta buena nueva, para que el pueblo de Nasca, con el cura a la cabeza, ordenasen los preparativos para recibir a la Santa Virgen y celebrar este magno acontecimiento.
La noticia cayo como reguero de pólvora en el pequeño pueblo de Nasca, en ese entonces todos sus habitantes se sintieron conmovidos por la santa noticia.

El pueblo se vistió de gala, con el conocimiento de esta grata novedad, la gente se puso sus mejores ropas para recibir a la Santa Virgen; en todo el pueblo se respiraba un ambiente de fiesta, los pirotécnicos prepararon cohetes y se reventaban avellanas, replicaban las campanas.
Por esa época se realizaba la cosecha del maní en todo el valle, y como ese día se respiraba olor a fiesta y no había vivanderas, la gente poblana "sancochó y tostó" maní en cantidad y se vendió en abundancia como alimento ligero, porque nadie quería irse a sus casas, hasta no recibir y conocer a la Santa Virgen, se cree que desde esa época hasta hoy quedó establecida la vendimia o fiesta del maní como corolario a la fiesta Patronal del pueblo de Nasca.
Y es así que llego la imagen de la "Virgen de Guadalupe" al pueblo de Nasca, y fue el cura Fray Sotil, sacerdote del pueblo, que a la cabeza de una gran comitiva pueblerina, salió a recibir a las afueras del pueblo a la "Santa Imagen", quien como buen teólogo, al verla explico que la imagen era nada menos que la "Santísima Virgen de Guadalupe"; declarándola y proclamándola en ese mismo momento tan solemne, "Patrona del Pueblo de Nasca".

Es así que partir del año 1800 mas o menos, con la aparición de la Virgen se sustituye al patrón del pueblo Santiago (lo fue desde el tiempo de la conquista) hasta la aparición de la Virgen de Guadalupe, quedando establecido el 8 de setiembre de todos los años como celebración oficial para rendir homenaje a la "Santísima Virgen de Guadalupe, Patrona de Nasca".
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